Capítulo XXII – Sopor

Llamalo “a ciegas”. Es como escribo,
contando las horas, los siglos,
el dolor que crece y se amontona,
incapaz de desaparecer, no quiere terminar.
¡No!, el tiempo no cura nada, nada… Nada,
Solo nos empuja hasta que nos hundimos en otra carne,
nos deja medio rotos y derrotados,
solo una cicatriz más.

Maldiceme

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