Indeseables

Dejé de mirarme en ese espejo estrellado, 
dejé de escucharme a mi misma,
cuando las tijeras tocaron con la frialdad del filo mi lengua,
la mente aún habla,
la voz es memoria,
me levante por primera vez,
mirando hacia abajo,
piernas amoratadas ,
carne palida,
huesos rotos,
no sentiré más inquietud observando mi persona,
encender un cigarro y consumirme con el,
sigo siendo el fantasma detrás de esos ojos, par de cristales…
los de usted, los de ella y los de el,

larga noche otra vez,

platicando con el muerto,

pleno viento furioso,

llega el fin de un día otoñal,

otro día para morir sobre las hojas que dejó caer a mi paso.


Maldiceme

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